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La Muerte de Peggi

A Eugenio Milanés.

-Se están secando los cocos
-Ahí tuve que enterrarla; al lado del palo, dijo Ramiro mirando crecer la hierba.
-No había otra forma, papá te lo ordenó: “tienes que enterrarla después de matarla, tu trajiste ese pekinés a casa”, dijo su hermano mayor, tratando de hablar como su padre.
-El mal de rabia es como el cáncer.
-Sí.
Los dos niños sentados en el patio, hablaban bajo, para no espantar los pájaros que Ramiro llamaba, Lo más maravilloso, Y era un juego de todas las tardes, después de las clases matinales de los almendros.
-Me ha dolido, a veces no puedo dormir.
-Lo sé, mamá te dará valeriana.
-Será por eso que se están secando los cocos? Parándose, dijo Ramiro, con los ojos claros como la naturaleza.
-No, Peggi solo cazaba las ratas que salen por las noches, exclamó el hermano mayor acariciando el pasto seco de la tarde.

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