Llegaron los caminantes
agosto 31, 2017
Tobías
agosto 31, 2017

Sábado de gloria.

 

A Ceci y Benjamín.

Piensa que nuestro amor
siempre debe estar sobre
todas las miserias
R. Ledesma

“Es viernes y van a izar bandera”, pensé decidido. Después compraría un paquete de Marlboro y me quedaría mirando el humo, precisándote como nada más te llamaba yo, “chiquitica”. Empezar a recordar es como un sueño y es muy lindo; debajo de este sol que se nos mete en el cuerpo y nos hace sudar, igual que sudábamos, cuando nos volábamos la paredilla para revolcarnos con la manteca de al lado, es de Sucre y “tiene una baldosa entre las piernas” como dice mi hermano. Es la “chiquitica”, la que viene como el humo: entra y sale. Cómo me mirabas ese día de pascuas (cuando toda la familia se reunió a esperar al tío Aldo, que los dejó pegados, porque no vino y yo me moría de la risa, viéndole las caras a las tías)no sabía qué hacer, Noria, tal vez porque te había visto crecer y por lo que nosotros sabemos. Nos une algo, aunque seas mi prima, habría que ver a la tía si se entera. Tú sabes de sobra que me creo un vago o un lago, porque me gusta la música, a ti no, pero no estamos unidos por la música; sino por algo secreto que quizá no sepamos ni tu ni yo. Sentir el ruido de los árboles al ladearse, es mejor que escuchar las voces de la familia. Por eso te hice una seña para que saliéramos al patio. En el corredor vacío de pájaros, te detuve, para acariciarte y besarte. “Aquí no, nos pueden ver” exclamaste nerviosa. Yo también lo estaba Noria, con todo y los cinco años que te llevaba; con todo lo duro, que era en el barrio y, ante todo los prejuicios de la familia, un día de pascuas. El patio es el rincón sombreado de mamones y chirimoyas, ha sido el lugar donde siempre fumó a escondidas; ese día tú supiste e secreto, cuando te mostré, arrumadas, donde crece el último palo de chirimoya, una montañita de colillas. Dijiste que aún era muy pelado. Besé en el patio tu cuerpo pateando sobre la hierba y entre los heliotropos, me pediste uno y entonces hicimos un pacto, mientras te enseñaba a fumar Marlboro, debajo de los árboles de nuestro patio. Salimos corriendo y me tuve que brincar por mi ventana, cuando tú cerrándote la blusa, dijiste como un ángel: “mamá va a regar las macetas”. Corrí porque no quería que la tía me viera contigo, imagínate, “chiquitica”, pero tú no corriste y te quedaste. En verdad nada te importaba? Nunca he podido dejar de pensar en eso por lo insignificante que fue. Habrá siempre muchas palabras; sueños esperándonos por todas partes, eso también tú lo sabes. Pero no sabes que estoy aquí, fumándome un Marlboro, que es viernes iban a izar la bandera, ahí adentro. No me importa que, con este sean tres viernes que no entro. No me interesa que el rector hable con papá y se cabreen con migo en la casa. Que la tía (tu mamá) ande diciendo que voy mal, que no soy cómo mis hermanos, todo al carajo por ti. Soy el levero de los viernes y es todo. Lo único bueno que te contaría, si estuvieras otra vez, es que me convertí un levero que se encierra a escuchar música hasta que se quiebra el encanto y salgo a la 47 a fumar y a alquilar paquitos. Paso las tardes de los viernes leyendo paquitos y fotonovelas ó los días que no tengo clases.  Paquitos y fotonovelas que tú leías, yo te las conseguía alquiladas, tus deliciosas novelas cursi, ni yo mismo lo puedo creer, pues ya que yo sólo me aguantaba a Kaliman; como un buen soñador porqué no. Ayer me he tirado de nuevo a la manteca de al lado, mi hermano mayor me ha dicho: “es mejor que estar mamándose a cualquiera del barrio Chino”. Con élla no siento nada quedo cómo vacío, igual que la vez que me acosté con Nazly, debajo de su cama, estaba tan asustada que aunque la rompí (cómo sangro que limpiamos el cuarto con el sobrecama, que cortaríamos en pedacitos para tirarlo al excusado) no sentí el sabor que tú me diste y eso que la vecina no fue la primera. Pero yo no soy un casanova, “chiquitica”, tú me conoces, todas éllas solo rodaron como una hoja seca por mi cuerpo. Siempre he sido tímido y por eso vinieron a mí, así por así, quizá las que nunca he mirado piensan que soy un hazañoso; eso no va con migo, es cosa muerta. A veces los viernes, cuando papá me dá el doble de la cosita, me pongo a tomar cervezas, en esta esquina que queda a una cuadra del colegio. Mis compañeros me dicen que parezco un viejo, porque donde me tomo las cervezas ponen nada más la música vieja, las guarachas del Jefe y de Celia Cruz. “Chiquitica”, las  peladas de la cuadra no te igualan; aunque son más alta que tú.  Siempre pasearan estas calles muchas peladas y tú, Noria en medio de ellas, unánime. Por eso un sábado como aquel lo deseo de nuevo, solo la parte buena, cuando en el patio unimos algo secreto. La tía te dijo lo que te dijo, yo sentí como si me punzaran el hígado con un tenedor. Estarán izando la bandera y estaras poniendo otra postal (me has mandado siete) que será la ocho. Una postal que me hara recordar otra vez cuando tu madre te largo para un internado de la capital; otra que trae mi dirección, y me hace caer en cuenta que vivo en el barrio el Carmen, aquí en la 21 con 47; nuestro sábado de gloria y la insoportable beatería de la tía. Quizá Noria, en otro día de pascuas comeremos dulces y estaremos cambiando en este trajín de calendarios. Ya habrán izado bandera.

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